Las ruinas de Tulum se alzan sobre un acantilado de piedra caliza de unos 12 metros de altura frente al mar Caribe, en la costa de Quintana Roo, en pleno corazón de la Riviera Maya. Fue una de las últimas grandes ciudades mayas en florecer, construida sobre todo durante el Posclásico Tardío y con su apogeo entre los siglos XIII y XV, coherente con la fecha de alrededor de 1200 registrada para este sitio. A diferencia de la mayoría de los grandes centros mayas, levantados tierra adentro, Tulum funcionó también como puerto fortificado, rodeado por una muralla defensiva que aún hoy delimita la mayor parte de la zona arqueológica.
La muralla que rodea el núcleo urbano se extiende unos 400 metros junto al mar y 170 metros en cada uno de los lados perpendiculares a la costa, con una altura de entre 3 y 5 metros y un grosor de cerca de 8 metros. Cinco puertas estrechas —dos al norte, dos al sur y una al oeste— daban acceso a la ciudad, vigiladas por pequeñas torres en las esquinas suroeste y noroeste. Dentro del recinto, un pequeño cenote aportaba agua dulce y una cala de arena permitía desembarcar canoas, lo que ayuda a explicar por qué Tulum se convirtió en un importante enclave comercial: actuaba como puerto de Cobá y recibía obsidiana traída desde Ixtepeque, en Guatemala, a casi 700 km de distancia, además de plumas, cobre, jade, sal y textiles intercambiados con el centro de México y Centroamérica.
El edificio más fotografiado del sitio es "El Castillo", una pirámide de unos 7,5 metros de altura construida en varias fases sobre una estructura anterior de columnas, con motivos de serpiente tallados en los dinteles de las salas superiores. Cerca de allí, el Templo de los Frescos combina una galería inferior y otra superior y se cree que también funcionó como observatorio solar; sobre su entrada oeste conserva una figura de estuco conocida como el "dios descendente" y murales de estilo mixteca-puebla en su interior, hoy cerrado al público precisamente para proteger las pinturas. El Templo del Dios Descendente, de una sola estancia, tiene puerta orientada al oeste y una escalera estrecha construida sobre un templo aún más antiguo.
Los primeros europeos en avistar Tulum habrían sido miembros de la expedición de Juan de Grijalva, en 1518, según el relato de Juan Díaz. La ciudad siguió habitada unos 70 años más tras ese primer contacto, hasta ser abandonada a finales del siglo XVI. Quedó prácticamente olvidada durante siglos hasta que el explorador John Lloyd Stephens y el dibujante Frederick Catherwood la documentaron en 1843. Las excavaciones y los trabajos de restauración serios no comenzaron hasta 1913, de la mano de Sylvanus Morley y George Howe, continuados por la Carnegie Institution entre 1916 y 1922, por Samuel Lothrop en 1924, por Miguel Ángel Fernández a finales de los años treinta y principios de los cuarenta, por William Sanders en 1956 y por Arthur Miller en la década de 1970: un siglo de trabajo arqueológico por etapas que dio forma al sitio que se visita hoy.
El recinto abre alrededor de las 8:00; la hora de cierre varía según la fuente consultada, entre las 15:00 y las 17:00, así que conviene confirmarla el mismo día. Se necesitan dos entradas: el acceso a la zona arqueológica (unos 100 pesos mexicanos, normalmente solo en efectivo) y el brazalete del parque nacional CONAP (unos 415 pesos, con tarjeta o efectivo); llevar cámara de vídeo tiene un cargo adicional de unos 35 pesos. Llegar antes de las 10:00 —hora en que suelen aparecer los grupos organizados desde Cancún y Playa del Carmen— es el mejor momento para encontrar menos gente y temperaturas más suaves. Tulum se encuentra a unos 130 km al sur de Cancún y a unos 68 km al sur de Playa del Carmen; se llega en colectivo (unos 30 pesos desde el centro del pueblo), en taxi (entre 100 y 300 pesos) o en coche por el camino de acceso desde la Carretera 307, con aparcamiento de pago junto a la entrada (unos 50 pesos) seguido de una caminata de unos diez minutos hasta el recinto.
La zona arqueológica está a solo unos 350 metros de Playa Paraíso, lo que permite combinar la visita a las ruinas con un baño en las aguas turquesa de la Riviera Maya en la misma escapada. Según cifras difundidas para 2017, Tulum ya era el tercer sitio arqueológico más visitado de México, solo por detrás de Teotihuacán y Chichén Itzá: un dato algo antiguo, pero que da idea de la demanda que ya generaba el lugar.
El recinto abre alrededor de las 8:00; la hora de cierre varía según la fuente (entre las 15:00 y las 17:00), así que conviene confirmarla in situ. Se necesitan dos entradas: el acceso a la zona arqueológica (unos 100 pesos mexicanos, normalmente solo en efectivo) y el brazalete del parque nacional CONAP (unos 415 pesos, con tarjeta o efectivo).
Tulum está a unos 130 km al sur de Cancún y a unos 68 km al sur de Playa del Carmen. Se puede llegar en colectivo, taxi o coche por el camino de acceso desde la Carretera 307, con aparcamiento de pago cerca de la entrada.
Dentro del recinto amurallado existía históricamente una pequeña cala usada para desembarcar canoas. Para nadar con garantías, la opción más fiable es Playa Paraíso, a solo unos 350 metros de la zona arqueológica.
No. A diferencia de Chichén Itzá, las ruinas de Tulum no tienen la declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO; el sitio está clasificado como Parque Nacional de México.
Entre dos y tres horas bastan para recorrer el sitio con calma, sin contar los desplazamientos.