Ninguna de estas diez playas tiene un aparcamiento junto a la arena. Se llega a cada una a pie por un sendero, bajando por una escalera fija tallada en la roca, o en barco — nunca en coche hasta la orilla. Eso es, en parte, lo que las mantiene como son: sin chiringuito a mano, sin motores al ralentí y, en dos casos, con límite diario de visitantes y reserva obligatoria. Ninguna sirve para un día de playa improvisado: todas piden calzado adecuado, agua extra y, en un par de casos, planificar con antelación.
Las diez playas
- Cala Goloritzé, Cerdeña, Italia. Sin carretera ni construcciones junto al agua: se llega a pie desde la meseta del Golgo (unos 3,5 km, con casi 500 m de desnivel, 1h15-1h30 de bajada y cerca de 2 horas de subida) o en barco, fondeado a unos 300 m de la costa. El acceso a pie exige reserva previa a través de la app Heart of Sardinia, con un límite de 250 personas a la vez en el sendero entre abril y octubre, y cuesta 7 € por persona (fuente: costadibaunei.it, heartofsardinia.com).
- Cathedral Cove (Mautohe), Coromandel, Nueva Zelanda. El sendero oficial del Department of Conservation, el Mautohe Cathedral Cove Track, son 1h30 ida y vuelta, unos 2,5 km solo de ida desde el aparcamiento de Hahei; no hay acceso rodado a la cala, solo el sendero, kayak o taxi acuático, dentro de una reserva marina protegida.
- Praia do Sancho, Fernando de Noronha, Brasil. Está al pie de una grieta en el acantilado de unos 70 metros de altura, salvada por una escalera estrecha y un corto tramo de escalera de hierro empotrado en la fisura, o por barco. No hay carretera ni camino alternativo hasta la arena.
- Kvalvika, Lofoten, Noruega. Desde el aparcamiento cerca de Fredvang/Innersand son unos 3,5 km por un sendero costero hasta un collado bajo — no hay carretera hasta la arena en ningún tramo. Muchos senderistas prolongan la caminata con la subida, bastante más empinada, hasta el mirador de Ryten, lo que convierte la salida en un circuito de 7,5 km y 5-6 horas.
- Wineglass Bay, Parque Nacional de Freycinet, Tasmania, Australia. La subida al mirador ya son 1,3 km, en su mayoría sobre grava suelta (1-1,5 horas ida y vuelta); bajar hasta la playa y caminar hasta su extremo sur añade otros 20-30 minutos cada trayecto, con un total de 2-3 horas. No hay carretera hasta la bahía.
- Playa de Bunes, Moskenesøya, Lofoten, Noruega. Se llega en ferry de pasajeros desde Reine hasta la pequeña localidad de Vindstad, seguido de una caminata de unos 3 km sobre una colina — no hay carretera ni hasta Vindstad ni hasta la playa.
- Tunnel Beach, Dunedin, Nueva Zelanda. Un sendero empinado de unos 1,2 km baja desde un punto de partida en Blackhead Road hasta un túnel excavado a mano en el acantilado — 72 escalones de hormigón, añadidos cuando el lugar se abrió al público en 1983 — que desemboca directamente en la arena. Se desaconseja nadar por las fuertes corrientes de resaca, y el sendero estuvo cerrado más de un año tras una inundación en octubre de 2024, así que conviene comprobar su estado antes de ir.
- Anse Cocos, La Digue, Seychelles. Sin carretera; la caminata desde Grand Anse, sobre afloramientos de granito y a través del bosque vía Petite Anse, dura unos 45 minutos por trayecto e incluye un par de subidas cortas y sudorosas.
- Spiaggia dei Conigli, Lampedusa, Italia. Un camino pavimentado de unos 600 metros, con un desnivel de aproximadamente 100 metros, es la única vía de bajada desde la carretera; el número de visitantes está limitado y, en temporada alta, el acceso se divide en dos turnos diarios para proteger un lugar de anidación de tortugas bobas.
- Playa de Fteri, Cefalonia, Grecia. La mayoría de los visitantes llega en taxi acuático desde Agia Efimia; existe una alternativa más rústica para quien no tiene barco — un sendero forestal no señalizado de unos cientos de metros desde un claro donde termina la carretera —, pero no es un camino oficial, y es más fiable preguntar localmente que confiar en un punto de GPS.
Antes de ir
Algunas reglas se aplican a las diez: comprueba la marea y el tiempo antes de comprometerte con un descenso que termina al nivel del mar, ya que una marea creciente puede convertir una salida en una escalada; lleva más agua de la habitual, sobre todo en las subidas al sol; y donde existe sistema de reserva o turnos — Cala Goloritzé, Spiaggia dei Conigli —, reserva con antelación en lugar de dar por hecho que habrá sitio.