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Sancho y Jericoacoara: las Dos Playas de Brasil Protegidas por Leyes Completamente Distintas

6 min de lectura Actualizado en junio de 2026 Marta Ribeiro

El nordeste de Brasil tiene dos playas citadas a menudo entre las más bonitas del país, y ambas están protegidas por ley, pero por razones —y con reglas— casi opuestas. Una está dentro de un archipiélago convertido en parque marino en 1988 y financiado por una tasa diaria de conservación. La otra es un mar de dunas móviles que la ley brasileña protege por su paisaje y su viento, no por su arrecife. Comparar las dos —Praia do Sancho, en Fernando de Noronha, y Praia de Jericoacoara, en Ceará— dice mucho sobre cómo decide Brasil qué merece la pena proteger, y cómo.

Praia do Sancho: dentro de un parque marino desde 1988

Praia do Sancho está en el archipiélago de Fernando de Noronha, frente a la costa del estado de Pernambuco. El 14 de septiembre de 1988, el gobierno brasileño creó el Parque Nacional Marino de Fernando de Noronha, que hoy cubre 10.927,64 hectáreas de tierra y mar —según la Wikipedia en inglés, aproximadamente el 70% del área total del archipiélago—. En 2001, la UNESCO declaró el conjunto, junto con el Atol das Rocas, Patrimonio Mundial, bajo la designación "Brazilian Atlantic Islands: Fernando de Noronha and Atol das Rocas Reserves".

Visitar el archipiélago tiene un coste directo ligado a esa protección: todos los visitantes pagan la Taxa de Preservação Ambiental (TPA), una tasa que en 2022 estaba fijada en R$87,21 por persona y día (el importe se revisa periódicamente, así que conviene comprobar la cifra actual antes de viajar). Esta tasa es independiente del billete PANAMAR, exigido aparte para acceder a la mayoría de los puntos turísticos dentro del parque marino, incluida Praia do Sancho.

Baía dos Golfinhos: la vecina de Sancho que también es ciencia

A pocos minutos de Praia do Sancho está la Baía dos Golfinhos (bahía de los delfines), descrita como el lugar de observación más regular de todo el planeta para el delfín tornillo (Stenella longirostris), que se reúne allí a diario. Desde 1990, el Projeto Golfinho Rotador sigue a esta población, coordinado por el Centro Golfinho Rotador y patrocinado por Petrobras: más de tres décadas de datos continuos sobre la misma especie, en el mismo lugar. La protección no es solo simbólica: entre enero y junio está prohibido anclar embarcaciones cerca de la bahía entre las 18h y las 6h, y la pesca submarina está prohibida en los alrededores durante todo el año.

Jericoacoara: protegida por sus dunas, no por su arrecife

Al otro lado del nordeste brasileño, en la costa de Ceará, Praia de Jericoacoara tiene una historia de protección muy distinta. El área comenzó siendo una zona estatal de protección ambiental, creada el 29 de octubre de 1984 con 8.416 hectáreas. Solo el 4 de febrero de 2002 pasó a ser el Parque Nacional de Jericoacoara, gestionado a nivel federal por el ICMBio, y en septiembre de 2005 se amplió con otras 207 hectáreas, hasta un total de unas 8.850 hectáreas. Su nombre viene del tupí y, según fuentes documentadas, significa "madriguera de tortugas" —una pista de que la fauna terrestre y las dunas, no un arrecife de coral, fueron siempre el motivo de la protección—.

Es precisamente ese paisaje de dunas móviles, combinado con vientos alisios constantes, lo que convierte a Jericoacoara en un destino señalado por tener "condiciones favorables para el windsurf y el sandboard". A diferencia de Fernando de Noronha, no existe una tasa diaria de conservación equivalente a la TPA: entrar en el pueblo o en el parque no tiene ese coste directo por visitante. El municipio de Jijoca de Jericoacoara se fundó apenas en 1991, y el aeropuerto local —que facilitó mucho el acceso— no abrió hasta 2017.

Qué cambia para quien visita

En la práctica, esto se traduce en dos versiones muy distintas de "playa protegida". En Sancho, la protección es sobre todo marina y la pagan directamente los visitantes a través de la TPA y el PANAMAR, con reglas específicas para proteger especies como el delfín tornillo. En Jericoacoara, la protección nació para preservar dunas y un ecosistema costero terrestre, sin una tasa de visitante equivalente, y es el viento —no el arrecife— lo que sigue atrayendo a quienes buscan esta playa. Ninguna de las dos está "más protegida" que la otra: son, simplemente, dos respuestas distintas a la misma pregunta —qué merece la pena preservar, y cómo hacer que eso se pague solo—.

Preguntas frecuentes

¿Tengo que pagar para visitar Praia do Sancho?

Sí. Todos los visitantes de Fernando de Noronha pagan la Taxa de Preservação Ambiental (TPA), que en 2022 era de R$87,21 por persona y día, además de un billete PANAMAR aparte, necesario para acceder a la mayoría de las playas y atracciones dentro del parque marino.

¿Existe una tasa parecida en Jericoacoara?

No hay una tasa diaria de conservación equivalente a la TPA de Fernando de Noronha. Jericoacoara está protegida como parque nacional desde 2002 por sus dunas y su ecosistema costero, no por un arrecife marino.

¿Por qué es Jericoacoara tan popular para el windsurf y el kitesurf?

Porque combina extensas dunas móviles con vientos alisios constantes todo el año: las mismas condiciones que llevaron a la creación del parque nacional que hoy protege la zona.

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